¡Ay de mí! Es él; le hallaron poco ha, frenético, como el mar embravecido; cantando a voces; coronado de verde fumaria, de malvas locas, de bardana y cicuta, primaveras y ortigas, y de todas las hierbas que ociosas crecen entre el trigo que nos sustenta.
[A un Oficial] Que cien hombres salgan en su busca y no dejen de registrar una parcela de todos esos cultivados campos. Traedle a nuestra vista.
[Vase un Oficial.]
[Al MÉDICO] ¿Qué puede la ciencia humana para restituirle la razón? Todas mis riquezas tendrá quien lo consiga.
Medios hay, señora. Nodriza de nuestra naturaleza es el reposo, que es lo que le hace falta. Para provocárselo hay substancias activas capaces de adormecer al más acongojado espíritu.
¡Benditos secretos, ocultas virtudes de la tierra, yo os haré brotar con mi llanto para que seáis eficaz medicina del triste anciano enfermo! Id, id en busca de él, no sea que en su furor sin freno, atente a su vida, que yerra huérfana de toda guía.
Nuevas traigo, señora. Las tropas británicas avanzan hacia aquí.
Lo sabíamos; preparados estamos para recibirlas. ¡Oh, mi querido padre, es solo tu causa lo que yo defiendo! Por eso el gran Rey de Francia se ha apiadado de mi duelo y tristes lágrimas. No es la ambición lo que mueve nuestras armas, es el amor, el tierno amor y los derechos de un anciano padre. ¡Oh, que pronto pueda yo oír su voz, verle conmigo!