Montad aquí la tienda, en el campo de Bosworth. [Montan la tienda.] Mi señor de Surrey, ¿por qué está tan triste vuestro semblante?
Mi corazón está diez veces más contento que mi aspecto.
¡Mi señor de Norfolk!
Sí, vuestra graciosa majestad.)
¿Mañana habrá tortas, no?
Para dar y tomar, mi señor.
¡Arriba con la tienda! Dormiré aquí esta noche, ¿pero dónde mañana? Igual da. ¿Quién ha hecho cuentas del número de traidores?
Seis o siete mil como máximo.
¡Bah, nuestro regimiento triplica esa cifra! Además, el nombre del rey es un firme estandarte que no tiene el enemigo. ¡Arriba con la tienda! (Vamos, nobles caballeros, estudiemos el terreno. Llamad a los hombres mejor dotados para el mando.) ¡Que no falte disciplina, que no haya retraso! Pues mañana nos espera un día ajetreado!
El hastiado sol ha tenido un crepúsculo dorado y la brillante estela de su carroza de fuego anuncia un buen día para mañana. Noble William Brandon, llevaréis mi estandarte; nobles Oxford, Brandon, y vos, noble Walter Herbert, quedaos conmigo. El conde de Pembroke está al frente de su regimiento; buen capitán Blunt, dadle las buenas noches de mi parte y decidle que le quiero ver a las dos de la mañana en mi tienda. Y hay un cosa más que quiero que hagáis por mí: ¿sabéis dónde se encuentra acampado el noble Stanley?
Salvo que me hubiera confundido con los estandartes, y estoy seguro de que no es así, su regimiento se encuentra por lo menos a media milla al sur de los del poderoso rey.
Si es posible hacerlo sin riesgo, gentil Blunt, encuentra los medios para hablar con él y entrégale esta urgente misiva.
Por mi vida que lo haré, mi señor. ¡Que Dios vele vuestro tranquilo sueño!
Buenas noches, buen capitán Blunt. [Sale BLUNT.] Traedme pluma y papel a la tienda; diseñaré la estrategia de nuestra batalla, informaré a cada general sobre sus funciones y distribuiré equitativamente nuestras reducidas tropas. Venid, caballeros, a mi tienda y comentemos los acontecimientos de mañana. El rocío es crudo y frío. [RICHMOND, Brandon, OXFORD y HERBERT entran en la tienda; los demás salen.]
¿Qué hora es?
Las nueve, hora de cenar.
No quiero cenar esta noche. Traedme pluma y papel. ¿Está mi casco más ligero, y dispuesta la armadura en mi tienda?
Lo están, mi majestad (todo está listo).
Norfolk, te dejo a cargo. Vigila con precaución; escoge centinelas de confianza.
Sí, mi señor.
Levántate al alba, gentil Norfolk.
Seguro, mi señor.
¡Catesby!
¿Mi señor?
Envía un oficial al regimiento de Stanley. Dile que venga con sus tropas antes del amanecer, o su hijo Jorge caerá en la cueva ciega de la noche eterna. Tráeme una botella de vino. Dame una vela. Ensilla a Surrey, mi caballo blanco, para mañana; comprueba que el fuste de mi lanza sea sólido, pero no muy pesado. ¡Ratcliffe!
¿Mi señor?
¿Has visto al tristón de Lord Northumberland?
El conde de Surrey y él iban, en el crepúsculo, de tropa en tropa animando a los soldados.
¡Así me gusta! Tráeme una botella de vino. Ya no tengo ni el espíritu ni el estado de ánimo que solía tener. (Déjala ahí.) ¿Están listos el papel y la pluma?
Lo están, mi señor.
¡Que esté alerta mi guardia! ¡Marchad! Ratcliffe, ven a mi tienda pasada la media noche para ayudarme con la armadura. ¡Vete ya!
¡Que la fortuna y la victoria reluzcan sobre tu casco!
¡Que todo el sosiego que la oscura noche pueda ofrecer aya contigo, noble suegro! Dime como está nuestra querida madre.
Yo te bendigo por poderes de parte de tu madre, que por ti reza constantemente. Avanzan las calladas horas, y la rizada oscuridad rompe en el este. Abreviemos, pues el tiempo así lo ordena; prepara la batalla mañana temprano y juégate tu suerte a golpes sangrientos y miradas de muerte. Yo, como pueda, ya que hay cosas que deseo y no puedo hacer, intentaré engañar al tiempo en nuestro beneficio para ayudarte en este incierto choque armado. Pero no puedo ponerme abiertamente de tu parte pues si me ven, tu hermano el tierno Jorge será ejecutado ante su padre. ¡Adiós!, los tiempos de ocio y miedo tronchan los juramentos ceremoniosos de amor y los dulces intercambios de palabras que después recuerdan los separados amigos. ¡Dios nos dé asueto futuro para estos ritos de amor! Una vez más, ¡adiós! Sed valiente, ¡suerte!
Nobles, llevadle a su regimiento. Yo intentaré dormir, pese a mis preocupaciones, para que el plomizo sueño no me pese mañana cuando deba cabalgar con alas de victoria. Una vez más, adiós, nobles y caballeros.
[Salen STANLEY, Brandon, OXFORD y HERBERT. RICHMOND se arrodilla.] ¡O Señor, de quien soy capitán, mira a mis tropas con ojos de bondad; pon en sus manos tus lacerantes armas de ira para aplastar los usurpadores cascos de nuestros enemigos. Nombranos ministros de tu castigo para poder alabarte en la victoria. A tí encomiendo mi alma vigilante antes de cerrar las ventanas de mis ojos. ¡Dormido o despierto, defiéndeme siempre!
[A RICARDO.] Mañana ahogaré tu alma. Recuerda como me apuñalaste en Tewkesbury, en la primavera de mi juventud. ¡Desespera y muere! [A RICHMOND.] Alégrate, Richmond; las atormentadas almas de los príncipes asesinados luchan de tu parte. ¡El hijo de(l rey) Enrique VI te infunde ánimos!
[A RICARDO] ¡Cuando yo, Enrique VI, era mortal, tú agujereaste mi cuerpo ungido por Dios hasta evacuar toda su sangre! ¡Piensa en mí y en la Torre! ¡Desespera y muere! ¡(Enrique VI te lo ordena,) Desespera y muere! [A RICHMOND] Noble (y bendito) Richmond, (sé tu el triunfador;) yo Enrique profeticé que serías rey. (Te aliento en tu sueño) ¡Triunfa y vive!
[A RICARDO.] Mañana ahogaré tu alma. Yo, que me ahogué en un vino nauseabundo, pobre Clarence, traicionado hasta la muerte por tu hipocresía. ¡Recuérdame mañana en la batalla y deja caer tu fláccida espada! ¡Desespera y muere! [A RICHMOND.] Noble Richmond, de la casa de Lancaster, los sucesores agraviados de York rezan por ti. ¡Que los ángeles te guarden durante la batalla! ¡Triunfa y vive!
Mañana ahogaré tu alma. Yo, Rivers, muerto en Pomfret. ¡Desespera y muere!
Acuérdate de Grey y que desespere tu alma.
Acuérdate de Vaughan y) Con un miedo culpable soltarás la lanza. (¡Desespera y muere!)
Richmond, despierta; nuestros asesinatos derrotarán al alma de Ricardo. ¡Gana la batalla!
[A RICARDO.] ¡Sanguinario, desvelado por la culpa, que en sangrienta batalla acaben tus días! Acuérdate del noble Hastings. ¡Desespera y muere! [A RICHMOND.] Richmond, alma dulce y tranquila, despierta: ¡ármate por Inglaterra, lucha y gana!
[A RICARDO.] Sueña con tus sobrinos, asfixiados en la Torre: te pesaremos como plomo en el corazón, Ricardo, y te hundiremos en la derrota, la vergüenza y la muerte. Las almas de tus sobrinos lo exigen: ¡Desespera y muere! [A RICHMOND.] Richmond, duerme en paz y despierta feliz; los ángeles te guardan de la ira del jabalí. Vive y engendra una próspera dinastía de reyes; los desdichados hijos de Eduardo desean tu victoria.
[A RICARDO.] Ricardo, la desgraciada Ana, tu esposa, que jamás pudo conciliar el sueño ni una hora junto a tí, ahora perturba tu reposo. Mañana en la batalla acuérdate de mí y deja caer tu flácida espada; ¡desespera y muere!
[A RICHMOND.] Richmond, duerme tranquilo, sueña con la victoria. La esposa del enemigo reza por ti.
[A RICARDO.] Yo fui el primero en ayudarte a conseguir la corona y el último en sufrir tu maldad. ¡Acuérdate de mí en la batalla y muere de miedo por tu culpa! Sigue soñando con sangre y muerte. ¡Ahógate, desespera, quédate sin aliento! [A RICHMOND.] Richmond, fallecí con esperanzas antes de darte ayuda, ¡pero tú alegra el corazón y no desfallezcas! Los ángeles lucharán a tu lado y Ricardo caerá desde lo más alto de su vanidad.
¡Dadme otro caballo, curadme las heridas; Jesucristo, ten piedad! ¡(Alto,) Sólo era un sueño! ¡Oh, cobarde conciencia, cómo me afliges! (Las luces están azules.) Es de noche. Resbalan frías gotas de miedo por mi cuerpo tembloroso. ¿A quién he de temer? ¿A mí? No hay nadie más aquí. Ricardo ama a Ricardo, yo conmigo. ¿Hay algún asesino aquí? No. Sí, estoy yo. Entonces huye. ¿De quién? ¿De mí? ¿Por qué motivo, salvo que quiera vengarme? ¿De quién, de mí? Si yo me amo. ¿Por qué, por algo bueno que haya hecho por mí? ¡Oh, no! Prefiero odiarme por los horribles crímenes que cometí. ¡Soy un villano...! Pero miento, no lo soy. ¡Tonto aquel que hable bien de sí mismo! Tonto, no te halagues. Mi conciencia tiene mil lenguas, y cada lengua cuenta mil historias, y cada historia me condena. ¡Perjurio, perjurio, en el más alto grado! ¡Asesinato, asesinato, en el más nefasto grado! ¡Todos los pecados, en todos los grados, suben al estrado y me gritan: "¡culpable, culpable!", hasta la desesperación! No hay criatura que me ame, y si muero, ningún alma se va a compadecer. ¿Y por qué lo harían, si ni yo mismo me compadezco de mí? He soñado que las almas de quienes maté venían a mi tienda y amenazaban con vengarse mañana sobre la cabeza de Ricardo.
Mi señor.
¡Por las llagas de Cristo! ¿Quién anda ahí?
Ratcliffe, mi señor; soy yo. El gallo de la aldea ha cantado ya dos veces al alba; vuestros amigos ya están en pie ajustándose la armadura.
¡Oh Ratcliffe, he tenido un sueño atroz! ¿Crees que nuestros amigos demostrarán su fidelidad?
¡Sin duda, sin duda!
¡Oh, Ratcliffe, tengo miedo, tengo miedo!
No temáis a las sombras, mi señor.
¡Por San Pablo apóstol! Esta noche las sombras han atemorizado el alma de Ricardo más que diez mil soldados de carne y hueso armados hasta los dientes y mandados por el novato de Richmond. Este día se retrasa. ¡Venid conmigo! Quiero husmear en las tiendas para ver si alguien me quiere traicionar.
Buen día, Richmond.
Disculpad, nobles y caballeros, por encontrarme aquí haciendo el holgazán.
¿Qué tal habéis dormido, mi señor?
El sueño más dulce con los sueños más alentadores que jamás hayan entrado en cabeza tan somnolienta. Desde que marchastéis soñé que las almas de los cuerpos que Ricardo asesinó venían a mi tienda a desearme la victoria. Mi alma se alegra al recordarlo. ¿Ha avanzado mucho el día?
Son las cuatro.
Pues ya es hora de armarse y dar instrucciones
[Sale de la tienda.) (Oración a sus soldados.] Más de lo que os he dicho, queridos compañeros, la premura del tiempo no me deja extenderme. Pero recordad esto: Dios y nuestra buena causa luchan de nuestra parte; las oraciones de los benditos santos y las almas maltratadas se yerguen ante nosotros como baluartes. Salvo Ricardo, todos contra quienes luchamos prefieren que ganemos a seguir con él. ¿Pues a quién seguirían? ¿A un sangriento tirano homicida, criado y mantenido en sangre, que recurrió a todo para alcanzar lo que quería y asesinó a todo aquél a quien quiso recurrir para ayudarle? Sucia piedra vulgar convertida en preciosa al incrustarse artificialmente en el brillante trono de Inglaterra. De Dios siempre fue enemigo, y Dios en justicia os protejerá como soldados suyos si combatís a su enemigo. Si os agotáis al derrotar al tirano, dormiréis tranquilos cuando esté muerto; si lucháis contra los enemigos del país, el país os recompensará los servicios prestados; si lucháis para proteger a vuestras esposas, ellas os recibirán como héroes; si liberáis a vuestros hijos de la espada, los hijos de vuestros hijos os lo agradecerán a vuestra vejez. ¡Así que, en el nombre de Dios y de todos estos derechos, desplegad vuestros estandartes y desenfundad vuestras deseosas espadas! Para mí, el precio a pagar por mi osadía será mi frío cadáver sobre el gélido rostro de esta tierra. Pero si venzo, compartiré mi premio con todos vosotros. ¡Que suenen tambores y trompetas con alegría y atrevimiento! ¡Por Dios y San Jorge! ¡Por Richmond y la victoria!
¿Qué dice Northumberland de Richmond?
Que jamás recibió preparación militar.
Dice la verdad. ¿Y Surrey, qué dice?
Sonríe y dice: "¡Mejor para nuestros propósitos!".
Tiene razón. [Suenan campanadas.] ¡Contad las campanadas! ¡Traed el almanaque! ¿Quién ha visto hoy al sol?
Yo no, mi señor.
¡Se niega a brillar! Según el almanaque, ya debería haber salido por el este hace una hora. Hoy será un día negro para alguien. ¡Ratcliffe!
¿Mi señor?
Hoy no brilla el sol. El cielo frunce el ceño sobre nuestro ejército. ¡Ojalá manara la tierra estas lágrimas de rocío! ¿Hoy no va a brillar? ¿Por qué ha de importarme más que a Richmond? El mismo cielo que me frunce el ceño a mí también le mira enojado a él.
Armaos, armaos, mi señor; ya aparece el enemigo en el campo de batalla.
¡Vamos, rápido, rápido! Blindad mi caballo. [Se pone la armadura.] Avisad al noble Stanley, que traiga aquí sus tropas. Llevaré a mis soldados a la llanura y daré órdenes para que empiece la batalla. Mi vanguardia atacará en línea cerrada, tanto a caballo como a pie, y mis arqueros se situarán en el centro. (John, duque de) Norfolk y (Thomas, conde de) Surrey dirigirán infantería y caballería en avanzadilla y nosotros les seguiremos hacia la batalla principal flanqueados por nuestras mejores fuerzas montadas. (¡Esto, y además San Jorge!) ¿Qué piensas, Norfolk?
¡Buena estrategia, mi combativo soberano! [Le enseña un papel] He encontrado esto en la tienda esta mañana.
[Lee] "Juanito de Norfolk, no seas tan atrevido, que Ricardito, tu señor, está comprado y vendido." Una artimaña del enemigo. Id, caballeros, cada hombre a su puesto. ¡Que nuestros balbucientes sueños no aniden el temor en nuestras almas! ¡Conciencia es una palabra que sólo usan los cobardes para intentar asustar a los fuertes! ¡Que nuestros poderosos brazos sean nuestra conciencia, y las espadas nuestra ley! ¡Adelante! ¡Vayamos en tropel al cielo eterno, o de la mano iremos al infierno! [Arenga a las tropas.] ¿Qué os puedo decir que no os haya dicho ya? Recordad con quienes os vais a enfrentar: vagabundos, truhanes, fugitivos de la justicia, una escoria de bretones y lacayos campesinos, a quienes su empachado país vomita hacia aventuras imposibles y seguras derrotas. Si dormís tranquilos, os quitan el sueño; si tenéis tierras y bonitas esposas, os despojan de unas y deshonran a las otras. ¿Y quién las manda sino un vil miserable? ¡Un maricón, que jamás siente el frío salvo cuando sus zapatos pisan la nieve! ¡Lancemos al mar a latigazos a esos rezagados, a esa arrogante calderilla francesa, a esos mendigos famélicos, temerosos por sus vidas! Si no fuera por la fantasía de su empresa imposible, esas pobres ratas ya se habrían ahorcado por falta de recursos. ¡Si nos han de vencer, que nos venzan hombres y no estos bastardos bretones a quienes nuestros padres zurraron, arrearon y caparon, dejándoles como herencia la vergüenza! ¿Esos van a disfrutar de nuestras tierras, se van a acostar con nuestras mujeres, van a violar a nuestras hijas? [Sonido de tambores a lo lejos] ¡Atención, oigo sus tambores! ¡Luchad, caballeros de Inglaterra! ¡Luchad, valientes soldados! ¡Arqueros, disparad a la cabeza! ¡Espolead fuerte vuestros orgullosos caballos hasta que rezumen sangre! ¡Asombrad al cielo con vuestras lanzas partidas! [Entra un MENSAJERO.] ¿Qué dice Stanley, viene con sus tropas?
Mi señor, se niega a venir.
¡Cortadle al hijo la cabeza!
Mi señor, el enemigo sobrepasa ya el pantano. Jorge Stanley podrá ser ejecutado después de la batalla.
Mil corazones laten en mi pecho. ¡Adelante portaestandartes! ¡Avanzad sobre el enemigo! ¡Por San Jorge, nuestro antiguo grito de guerra! ¡Que él nos inspire con la furia de los dragones de fuego! ¡A por ellos! Ya brilla en nuestros cascos la victoria.