¡Mi señor, mi señor!
[Desde dentro] ¿Quién llama?
Un mensajero del noble Stanley.
¿Qué hora es?
Las cuatro.
¿No puede el noble Stanley conciliar el sueño en estas noches de tedio?
Así parece por lo que os tengo que decir. En primer lugar, os presenta sus respetos.
¿Y qué más?
Os informa que esta noche ha soñado que el jabalí le arrancaba el casco. Además dice que hay dos consejos convocados, y lo que se decida en uno os hará lamentarlo en el otro. Por tanto quiere que escapéis con él a caballo hacia el norte para huir del peligro que presagia su alma.
Ve y dile a tu señor que no tema al consejo escindido. En uno está su honor y el mío, y mi buen amigo Catesby está en el otro, donde nada que nos afecte será aprobado sin que él nos informe. Dile que sus temores son infundados, y en cuanto a sus sueños, ¡cómo puede ser tan simple para darles importancia! Si huimos del jabalí antes de que salga de cacería le incitamos a seguirnos y apresar una pieza que no se proponía cazar. Dile que venga e iremos juntos a la torre. ¡Ya verá qué bien nos trata el jabalí!
Voy a informarle de cuanto decís.
¡Buen día, mi noble señor!
¡Buen día Catesby, qué temprano venís! ¿Qué noticias traéis en este estado tan vacilante?
Sí que vivimos en un mundo que da tumbos, (mi señor), y (creo que) no recuperará su estabilidad hasta que Ricardo luzca la guirnalda real.
¿Lucir la guirnalda? ¿Te refieres a la corona?
Así es, mi señor.
Preferiría perder la cabeza antes que ver la corona en tan mala cabeza. ¿Pero crees que es su propósito?
Con toda certeza, y espera que os pongáis de su parte. Por este motivo os envía la buena noticia de que hoy mismo la camarilla de la reina, vuestros enemigos, van a morir en Pomfret.
Desde luego no voy a guardar luto por esa noticia, siempre han sido mis contrincantes. Pero apoyar a Ricardo para poner trabas a los legítimos derechos de los herederos de mi señor, Dios sabe que no lo haré, aunque me cueste la vida.
Dios mantenga a su señoría en ese estado de opinión.
Voy a estar un año entero riendo la desgracia de quienes intentaron enemistarme con mi señor. Bien Catesby, de aquí a quince días espero despachar a más de uno que ni lo espera.
¡Qué pena da morirse (mi señor,) cuando uno no lo espera!
¡Monstruoso, monstruoso! Y así va a pasar con Rivers (Vaughan) y Grey. Y con otros que creen estar tan seguros como nosotros, tan queridos por Buckingham y Ricardo.
Os tienen en alta estima por vuestra buena cabeza. [Aparte]Cabeza que colgará del palo más alto.
Ya lo sé y me lo merezco. [Entra STANLEY.] ¡Vamos, vamos! ¿Dónde lleváis la lanza? ¿Tenéis miedo del jabalí y vais desarmado?
Buenos días. Buen día, Catesby. Podéis burlaros pero, por la sagrada cruz, no me gusta esta disparidad de consejos.
Estimo mi vida tanto como vos la vuestra, y jamás le he tenido tanto aprecio como ahora. ¿Creéis que me mostraría tan triunfante si no supiera que estamos totalmente seguros?
Los nobles que fueron de Londres a Pomfret estaban muy contentos, se creían seguros y no tenían por qué desconfiar. Ya veis qué pronto se les nubló el día. Esa súbita puñalada de rencor me hace sospechar. ¡Quiera Dios que mi temor no tenga fundamento! ¿Vamos a la Torre? Ya es de día.
¡Vamos! Os contaré algo. ¿No sabéis que hoy cortan la cabeza a los caballeros de quienes habláis?
Ellos, por su lealtad, merecen llevar más alta la cabeza que quienes les acusan su sombrero. ¡Pero vámonos, mi señor!
Id vosotros delante. Yo hablaré con este chico. [Salen STANLEY y CATESBY.] Buen día, Hastings; ¿Cómo te va la vida?
Todo lo bien que me puede ir, pues vos me lo preguntáis.
A mí si me va mejor que la última vez que te vi. Entonces iba preso hacia la Torre por culpa de los amigos de la reina. Pero ahora te cuento, mantenlo en secreto, que tal día como hoy esos enemigos van a ser ejecutados, ¡así que imagínate lo bien que me encuentro!
¡Dios os mantenga así de feliz!
Gracias, Hastings, brinda por mí.
Se lo agradezco a su señoría.
Buen día, mi señor; me alegra ver a su señoría.
Os lo agradezco, buen señor Juan, de todo corazón. Estoy en deuda con vos por vuestra última homilía. Venid el próximo sábado y os gratificaré.
Estoy a vuestra disposición.
¿Cómo, hablando con un sacerdote? Vuestros amigos de Pomfret sí que lo necesitan, pero vos, de momento, no necesitáis confesar.
La verdad es que, cuando hablaba con ese santo hombre, me han venido a la cabeza los hombres que decís. ¿Vamos a la Torre?
Sí, mi señor, pero no puedo quedarme mucho tiempo. Saldré de allí antes que vuestra señoría.
Evidentemente, pues yo me quedo a comer.
[Aparte]Y a cenar también, aunque tú no lo sepas. ¿Vamos?
Estoy a vuestra disposición.