Buen día, vecino, ¿dónde vais tan deprisa?
Os prometo que ni yo mismo lo sé. ¿Habéis oído la noticia?
Sí, el rey ha muerto.
¡Mala noticia, la virgen! Raras veces conduce a algo bueno. Temo que evidencie cuán inestable es este mundo.
¡Vecinos, Dios os guarde!
¡Y os dé un buen día a vos, señor!
¿Es cierta la noticia de la muerte del buen rey Eduardo?
¡Ay, señor, muy cierta, que Dios le asista!
Entonces, señores, esperen encontrarse con un mundo de problemasa.
¡No, no, por la gracia de Dios!; su hijo reinará.
¡Pobre tierra aquella gobernada por un niño!
En él se albergan esperanzas de gobierno, que ejercerá durante su minoría de edad un Consejo regente en su nombre. Cuando maduren sus años, sin duda gobernará bien.
Así se mantuvo el estado cuando Enrique VI fue coronado en París a los nueve meses de edad.
¿Así se mantuvo el estado? Sabe Dios que no, buenos amigos. Entonces estaba esta tierra dotada de un Consejo político serio. El rey tenía unos tíos virtuosos que le protegían.
Como éste, tanto por parte del padre como de la madre.
Mejor sería que fueran por parte del padre o todos, o ninguno, pues si Dios no lo impide, su ambición por ser los más cercanos nos va a afectar muy de cerca. Lleno de peligro está el duque de Gloster, altivos y orgullosos los hijos y hermanos de la reina. Y si en lugar de gobernar fueran gobernados, esta tierra enferma podría recuperar su salud anterior.
Vamos, vamos, siempre nos tememos lo peor. Todo saldrá bien.
Cuando se ven nubes, los hombres sabios se abrigan; cuando caen las hojas, el invierno está al caer; cuando se pone el sol, ¿quién no espera la noche? Las tormentas a destiempo anuncian tiempos de penuria. Todo podría salir bien, pero si Dios así lo quiere será más de lo que merecemos. Eso pienso yo.
La verdad es que los corazones de los hombres rebosan temor. Es casi imposible encontrar a alguien sin una mirada llena de tristeza y pavor.
Antes de las épocas de cambio esto siempre es así. Por un instinto divino la mente del hombre desconfía del peligro inmediato, y como prueba basta ver como se hincha el agua antes de una gran tormenta. Pero que sea lo que Dios quiera. ¿Adónde vais?
Nos han mandado llamar desde los tribunales.
A mí también. Os acompañaré.)