[A UN CABALLERO] Averiguad del Duque si mantiene su último plan, o si posteriormente hubo algo que le hiciera cambiar de intento. Todo es en él irresolución y él mismo se contradice a cada paso. Comunicadnos su intención definitiva.
Algo debe de haberle ocurrido al mensajero de mi hermana.
Hay motivo para sospecharlo, señora.
Ahora, mi dulce dueño, pues que sabéis todo el bien que os quiero, decidme, pero en verdad, pero con toda verdad: ¿No amáis a mi hermana?
Con amor honesto.
Y ¿nunca seguisteis la senda de mi hermano hasta el lugar prohibido?
Con este pensamiento os engañáis.
Sospecho que vuestros seres intimaron tanto que pudisteis creer el suyo vuestro.
Nunca, señora, por mi honor.
¡Nunca jamás podría soportarlo! No tengas, dueño mío, intimidad con ella.
No temáis. ¡Ella y el Duque, su esposo!
[Aparte]Antes quisiera perder la batalla que, por esta mi hermana, perderle a él y perderme.
Nuestra amabilísima hermana, bien hallada seas.
[A EDMUNDO] Oigo, señor, que el Rey se ha reunido con su hija, y con ellos otros muchos que se sienten justamente ofendidos por nuestra crueldad. Nunca pude ser valiente, cuando no pude ser leal; en cuanto a nuestro caso, es nuestra sola razón para pelear, el haber el de Francia invadido nuestras tierras, no el que ella ampare al Rey, con tantos otros, según temo, cuya grave y justa causa les obliga a hacernos frente.
Señor, habláis con nobleza.
Pero ¿a qué vienen esos razonamientos?
Luchar todos juntos contra el enemigo, que no son de este lugar tales querellas domésticas.
Vamos, pues, a resolver, oyendo el consejo de los expertos en la guerra.
Voy al punto con vosotros en vuestra tienda.
¿No venís con nosotros, hermana?
No.
Sería muy conveniente; venid con nosotros, os lo ruego.
[Aparte]¡Oh, oh! Entiendo el acertijo...
[Alto] Voy, pues.
[A ALBANIA] Si vuestra merced se digna hablar con un mendigo, oídme una palabra.
[A los que salen] Ya os alcanzaré.
[Vanse todos menos EL DUQUE DE ALBANIA y EDGARDO.]
[A EDGARDO] Habla.
Antes de dar la batalla abrid esta carta. Si vencéis, haced resonar vuestro clarín para aquel que os la trajo. Aunque mi aspecto sea tan miserable, puedo presentar campeón que mantendrá cuanto ahí se afirma. Si fracasáis, se acabó para vos todo interés en este mundo, y cesa de por sí toda conjura. ¡Que os sea propicia la fortuna!
Esperad a que lea esta carta.
Me fue prohibido. Cuando llegue el momento, haced que el heraldo toque la llamada, y compareceré.
Adiós, entonces. Veré qué dice tu carta.
El enemigo está a la vista. Poned en línea vuestro ejército. Ved aquí el cómputo de su fuerza y armas, según diligente examen. Pero ahora importa que os deis prisa.
Bien llegado será el tiempo.
A las dos hermanas he jurado amor, y las dos sientes celos una de otra, y se odian cual odia al áspid quien fue picado. ¿Por cuál debo decidirme? ¿Por las dos? ¿Por una? ¿Por ninguna? Ni a una ni a otra podré gozar si las dos vive... Si tomo a la viuda, Gonerila enloquece de furor, y mal podré lograr mi empeño, mientras viva su esposo. Lo que ahora importa es valerme de su autoridad en la batalla; y una vez terminada... si tanto pretende ella deshacerse de él, que lo intente como pueda. En cuanto a la piedad que el Duque siente por Lear y Cordelia, ganada la batalla y ellos en mi poder, no habrá perdón, pues mi oficio es solo combatir, no negociar.