Aquí se está mejor que a la intemperie. Aceptadlo gustosos. Aun he de proporcionaros mayor comodidad en lo que me sea posible. No tardaré en volver a vuestro lado.
Toda la fuerza de sus sentidos ha debido ceder a su excitación. Que los dioses os recompensen por vuestra bondad.
Frateretto me llama y me dice que Nerón es ahora un pescador de caña en el lago de las tinieblas. Rezad los que sois inocentes, y guardaos del maligno espíritu.
Dime, tío, por favor: un loco ¿es noble o es villano?
¡Un Rey, un Rey!
No; es un villano que tiene un hijo noble, porque bien loco es el villano que consiente que su hijo sea noble antes que él.
¡Tuviera yo mil de ellos con sus asadores en ascuas, que hicieran silbar sobre sus cabezas!
¡El enemigo malo me muerde en la espalda!
Loco es el que confía en mansedumbre de lobo, en cascos de caballo, en amor de niño y en juramento de prostituta.
Debe hacerse; voy a enjuiciarlas al momento.
[A EDGARDO] Ven, siéntate aquí, juez doctísimo.
[Al BUFÓN] Tú, sapientísimo señor, siéntate aquí. Ahora, vosotras, ¡zorras!
Ved dónde está y ¡qué ojeadas echa! ¡Buenos ojos, señora, para comparecer en juicio!
Hace agua su barquilla, y no quiere decirte por qué no se atreve a tu lado.
El enemigo malo tienta al pobre Tomasillo con voz de ruiseñor. Obdidancio chilla en el vientre de Tomasillo pidiendo un par de arenques frescos. No gruñas, ángel negro; no tengo comida para ti.
¿Cómo os halláis, señor? No estéis así, tan azorado. ¿Por qué no os acostáis y procuráis dormir sobre estos almohadones?
[A KENT] Vos también sois del jurado; sentaos también.
Procedamos en justicia.
Miau, miau; el gato es pardo.
Juzgad a esta primero. He aquí a Gonerila. Ante este honrado tribunal yo lo declaro bajo juramento: ella pisoteó al pobre Rey, su padre.
Acercaos, señora. ¿Es Gonerila vuestro nombre?
No podrá negarlo.
Perdonad, os había tomado por una banqueta.
Y aquí está la otra, la de torva mirada, que bien expresa cuánta su corazón encierra. Prendedla. ¡Al arma, al arma! ¡Sangre y fuego! ¡Estáis sobornados! Juez traidor, ¿por qué la dejaste escapar?
¡Benditos sean tus cinco sentidos!
¡Oh, dolor!
[A LEAR] ¿Dónde está ahora, señor, aquella paciencia de cuya conservación tanto alardeabais?
[Aparte]Mis lágrimas empiezan a tomar demasiada parte en el asunto, y van a desbaratar mi fingimiento.
Ved hasta sus gozquecillos falderos, la Linda, la Blanquita y el Suspiro, ¡todos me ladran!
Tomasillo les tirará su cabeza. ¡Arre allá, mala ralea!
To, te, te, te. ¡Vivo! Venid, vamos a paseo, a la feria o al mercado. ¡Pobre Tomasillo, tu cuerno está seco!
Que hagan ahora la disección de Regania para ver lo que anida en su corazón. ¿Qué cosa puede haber en la Naturaleza que produzca corazones tan duros?
[A EDGARDO] En cuanto a vos, señor, vais a formar parte de mis cien caballeros; no hay más, sino que no me agrada la guisa de vuestro atavío. Me diréis que es al estilo de Persia, pero, con todo, hay que cambiarlo.
Bien, señor, acostaos aquí y descansad un poco.
No hagáis ruido; silencio. Corred las cortinas. Así, así, así. Cenaremos por la mañana. Así, así, así.
Y yo me acostaré a mediodía.
[A KENT] Venid acá, amigo. ¿Dónde está el Rey mi señor?
Aquí está, pero dejadle descansar; ha perdido el juicio.
Mi buen amigo, vengo a rogarte que lo lleves en brazos. He tenido noticia de que traman su muerte. Pronta está allí una litera; ponedle en ella y partid para Dóver, donde seréis bien recibidos y hallaréis protección. Llevadle pronto; media hora de tardanza y su vida y la tuya y la de cuantos toman su defensa están perdidas sin remedio. Llevadle; llevadle y seguidme, que voy a proveer para que os conduzcan prontamente.
Su abrumada naturaleza descansa; este reposo sería un bálsamos para sus nervios destrozados; mas si ni aun esto le es permitido, será difícil su curación.
[Al BUFÓN] Ven y ayúdame a llevar a tu señor.
[A EDGARDO] Tú tampoco debes quedarte rezagado.
Vamos, vamos, idos pronto.
Cuando vemos a nuestros superiores padecer nuestros mismos males, ya apenas vemos nuestros enemigos en nuestras miserias. El que sufre solo, sufre sobre todo mentalmente, y solo recuerda la vida libre y dichosa que deja atrás. Pero el alma halla alivio a su tristeza cuando ve otra tristeza a su lado y de ella se acompaña como de un buen amigo. ¡Qué ligeras y soportables me parecen ahora mis penas cuando veo al Rey padecer lo mismo que yo padezco! ¡Por sus hijas él, como yo por mi padre! ¡Tomasillo: huye! Presta atención a los rumores de lo alto y no te descubras hasta que la calumnia que te infamó villanamente, sea destruida con pruebas palpables y vuelvas a parecer el que siempre fuiste. Poco importa lo que suceda esta noche, con tal que se salve el Rey. ¡Alerta, alerta!