¿Con que mi padre ha golpeado a mi escudero porque reprendió a su bufón?
Sí, señora.
¡Día y noche me está mortificando! A toda hora, estalla violentamente con una u otra grave injuria que a todos nos alborota. No he de sufrirlo. Sus caballeros están desenfrenados y él nos increpa por cualquier nonada. No he de hablar con él cuando venga de caza. Le dirás que estoy enferma. Si os mostráis negligentes en vuestros servicios, haréis bien. Yo respondo de toda falta.
Él llega, señora, ¿oís?
Descuidaos cuanto os plazca en su servicio, tú y tus compañeros. Quisiera traerle a una contienda, y si le desagrada que se vaya con mi hermana, la que, ya lo sé, está en todo de acuerdo conmigo para no ser avasallada. ¡El viejo chocho, que se imagina poder aún emplear aquella autoridad a que ha renunciado! ¡Por mi vida, que de tan viejos vuelven a ser niños, y hay que castigarles en vez de mimarlos cuando se desmandan! Ten presente lo que te dije.
Bien está, señora.
Y tratad a sus caballeros con más flema. Lo que pueda ocurrir no os importe. Adviértelo a todo el servicio. Quiero hallar una ocasión, y la hallaré, para hablar claro. Escribiré al punto a mi hermana para que obre de esta suerte. Disponed la comida.