Acto V

Escena V.

[Sones de guerra. Entran el REY RICARDO y RICHMOND; luchan y RICARDO muere, suena entonces la retirada. Sale RICHMOND, retiran el cadáver de RICARDO. Suena una marcha real. Entran RICHMOND y STANLEY llevando la corona con otros señores y soldados.]
RICHMOND.

Demos gracias a Dios y a vuestros brazos, victoriosos amigos. La batalla ya es nuestra; el perro sanguinario está muerto.

STANLEY.

¡Valiente Richmond, qué bien habéis desempeñado vuestro cometido! He aquí la corona, tanto tiempo usurpada, que he arrancado de la cabeza muerta de ese villano sanguinario para honrar vuestra frente. Llevadla, disfrutadla y haced buen uso de ella.

RICHMOND.

¡Que Dios todopoderoso así lo quiera! [Pero contadme, ¿sigue vivo el joven Jorge Stanley?

STANLEY.

Sí, mi señor, sano y salvo en Leicester adonde, si a vos os place, nos podemos dirigir.

RICHMOND.

¿Qué bajas ha habido por ambos bandos?

STANLEY.

John, duque de Norfolk, Walter, y los nobles Ferrers, Robert Brakenbury y William Brandon.

RICHMOND.

Enterrad los cuerpos de los muertos según corresponda a su rango. Anunciad una amnistía para todos los huidos que se rindan de inmediato y vuelvan con nosotros. ¡Uniré la rosa blanca con la rosa roja bajo juramento, y que el cielo, tanto tiempo enojado por nuestra enemistad, sonría ahora con esta plácida alianza! ¿Hay algún traidor que no responda: “amen”? Inglaterra anduvo loca mucho tiempo, y ahora está llena de cicatrices. Hermano que derramó (ciegamente) sangre de hermano; padre que asesinó (horriblemente) a su propio hijo; hijo convertido en matarife de su padre. Todo esto dividió a Lancaster y York en horrenda división. ¡Que ahora Richmond e Isabel, dignos sucesores de las dos casas reales, se unan bajo la bendición de Dios! ¡Que sus herederos, si Dios así lo quiere, construyan un futuro de paz sonriente y prósperos días! ¡Oh Dios todopoderoso, acaba con los traidores! ¡Evita el regreso de los tiempos sanguinarios que hicieron derramar lágrimas de sangre a Inglaterra! ¡Que no sigan vivos cuando esta tierra prospere, porque serían ellos quienes su paz entierren! ¡Cicatrizan las heridas, ya renace la concordia! ¡Que perdure mucho tiempo, y que Dios nos dé su gloria!