Acto III

Escena V

[A la entrada de la Torre]
[Entran RICARDO y BUCKINGHAM con armaduras viejas]
RICARDO.

¡Vamos, primo! ¿No sabes temblar y cambiar de color, quedarte sin aliento a mitad de una palabra y empezar otra vez, y otra vez parar, como si estuvieras loco de emoción y muerto de miedo?

BUCKINGHAM.

Pues claro que sé imitar al mejor actor trágico, hablar, mirar atrás, fisgar por todas partes, temblar y huir con recelo porque se agita una rama. Tanto mis horribles miradas como mis sonrisas forzadas están siempre dispuestas para adornar mis estrategias. ¿Y Catesby, se ha ido?

[Entran EL ALCALDE y CATESBY.]
RICARDO.

Ahí está, y trae al alcalde.

BUCKINGHAM.

Señor alcalde...

RICARDO.

¡Cuidado con el puente levadizo!

BUCKINGHAM.

¡Se oye un tambor!

RICARDO.

¡Catesby, vigila los muros!

[Sale CATESBY]
BUCKINGHAM.

Señor alcalde, la razón por la que os hemos llamado...

[Entran LOVELL y RATCLIFFE con la cabeza de HASTINGS.]
RICARDO.

¡Mira atrás y defiéndete, ahí están los enemigos!

BUCKINGHAM.

¡Que Dios y nuestra inocencia nos guíen y nos defiendan!

RICARDO.

Calma, son amigos (Ratcliffe y Lovell).

LOVELL.

Aquí tenéis la cabeza del vil traidor de quien nadie sospechaba, el peligroso Hastings.

RICARDO.

Tanto quería yo a este hombre que debo llorar. Le tomé por una criatura honesta e inofensiva que respiraba cristiandad por los cuatro costados. De él hice mi Biblia, en cuyas páginas mi alma reflejaba todos mis secretos pensamientos. Tan dulcemente recubría su vicio con muestras de virtud que (disimulaba su desvergonzada culpa, sus intercambios de impresiones con doña Shore, y) vivía libre de toda sospecha.

BUCKINGHAM.

Bueno, bueno; era el traidor más hipócrita que jamás haya habido. (Podéis creer que) De no ser por las precauciones que nos vimos obligados a tomar, no viviríamos ahora para contar cómo este astuto traidor planeó asesinarnos hoy mismo a Glóster y a mí en pleno consejo.

ALCALDE.

¿De verdad?

RICARDO.

¿Pero cómo, nos tomáis por turcos o infieles? ¿Habríamos quebrantado la ley para eliminar a este traidor si no fuera porque un estado de urgente necesidad, la paz de Inglaterra y nuestra integridad física nos han obligado a tal ejecución?

ALCALDE.

¡Os deseo lo mejor! Merecía la muerte, y sus señorías han procedido adecuadamente para que sirva de lección a cualquier otro traidor de iguales propósitos.

BUCKINGHAM.

(Ya no pude dejar ningún asunto en sus manos una vez cayó en las de doña Shore.) No queríamos que muriera sin teneros presente. Pero nuestros amigos le han ejecutado con la urgencia necesaria antes de que llegarais, (en contra de nuestros planes). Así que no habéis oído al traidor confesar asustado su cobardía (y los propósitos de su traición), y eso os impide informar al pueblo, que nos podría malinterpretar y llorar su muerte.

ALCALDE.

Pero, mi buen señor, vuestra palabra vale tanto como si le hubiera oído hablar. Y no dudéis, nobles príncipes, que informaré a nuestro pueblo de vuestro justo proceder en esta causa.

RICARDO.

Con ese fin requerimos vuestra presencia aquí, para evitar la censura de este pueblo tan criticón.

BUCKINGHAM.

Así que, aunque llegasteis tarde a nuestra actuación, sois testigos de nuestra buena intención. Entonces, adiós, buen señor alcalde.

[Sale el ALCALDE.]
RICARDO.

Seguidle, seguidle, primo Buckingham, (al ayuntamiento) y buscad el momento oportuno para sugerir que los hijos de Eduardo son bastardos. (Contadles como Eduardo asesinó a un ciudadano sólo por decir que convertiría a su hijo en heredero de la corona; y sólo se estaba refiriendo a su casa con ese término.) Despotricad sobre su bestial apetito sexual que sació con criadas, hijas, esposas y otras a las que quiso dar caza (furtiva) con ojo lascivo y salvaje corazón. Y si fuera necesario, mencionad algo que me afecta más íntimamente. Decidles que cuando mi madre quedó encinta de mi vicioso hermano Eduardo, mi noble padre estaba dando guerra en Francia, y al no salirle las cuentas, supo que el hijo no era suyo, confirmándolo sus facciones, que no recordaban a las de (el noble duque) mi padre. Pero contadlo de pasada, muy por encima ya que, como sabéis, mi madre aún sigue viva.

BUCKINGHAM.

No lo dudéis, mi señor; usaré mi destreza oral, como si el dorado botín que reclamo fuese para mí. ¡Adiós, mi señor!

RICARDO.

Si tenéis éxito, traedles al castillo de Baynard, donde me encontraréis acompañado de padres reverendos y sabios obispos.

BUCKINGHAM.

Me voy, y para las tres o las cuatro esperad noticias del ayuntamiento.)

[Sale BUCKINGHAM.]
RICARDO.

Lovell, avisa a monseñor (Shaa). [A RATCLIFFE] Tráeme un fraile (Penker. Decidles que se reúnan conmigo a esa hora en el castillo de Baynard.) [Salen RATCLIFFE y LOVELL.] Daré órdenes estrictas (para que aparten a los mocosos de Clarence de mi vista para siempre y) para que nadie, bajo ningún concepto, tenga acceso a los príncipes.

[Sale]