¡Que así sea! Bien, hoy he completado una buena jornada. Nobles, mantened esta unión, pues pronto recibiré la llamada del Redentor para redimirme de este mundo; y mi alma irá (más) en paz al cielo porque restablezco entre mis amigos la paz en la tierra. ¡Rivers y Hastings, daos la mano sin odio escondido, juraos vuestro amor!
¡Por el cielo que mi alma está purgada de odio rencoroso y mi mano sella el amor sincero de mi corazón!
¡Que sea yo tan afortunado como soy sincero al jurar lo mismo!
No finjáis ante vuestro rey, o el supremo Rey de reyes os condenaría a acabar el uno con el otro por vuestra encubierta falsedad.
¡Que sea yo tan próspero como perfecto es el amor que juro!
¡Y yo, pues amo a Hastings de todo corazón!
Señora, no sois una excepción, ni vos Dorset, ni vos Buckingham; habéis estado divididos. Esposa, amad a Hastings, dejad que os bese la mano; y lo que hagáis, hacedlo con honestidad.
Hastings, nunca más tendré presente nuestro pasado odio. Así lo queremos yo y los míos.
¡Dorset, abrazadle! ¡Hastings, amad a Dorset!
¡Juro ante todos que jamás violaré este intercambio de amor!
¡Así juro yo también!
Ahora, noble Buckingham, sella esta alianza con un abrazo a la familia de mi esposa y hacedme feliz con vuestra unión.
¡Si Buckingham mostrara odio contra vuestra gracia y no amor sumiso para protegeros, que Dios me castigue con el odio de quienes yo espere más amor! ¡Cuanto más necesite a un amigo y más seguro esté de él, que sea marrullero, falso y traidor conmigo! Eso le pido a Dios si mi amor por vosotros se enfría.
Noble Buckingham, grato y saludable es tu voto para mi enfermo corazón. Ahora quisiera tener aquí a mi hermano Glóster para poner final feliz a esta alianza.
Y a tiempo entra (el noble Richard Ratcliffe y) el duque.
¡Buen día a mi rey y mi reina soberanos! ¡Nobles, feliz día!
En verdad que hemos gozado de un día feliz. Glóster, hemos consumado actos de caridad, convirtiendo en paz la enemistad y en amor el odio entre estos orgullosos nobles enfrentados por error.
¡Bendita labor, mi muy soberano señor! Si hay alguien entre estas nobles hordas que por un malentendido me tenga por enemigo; si yo, involuntariamente o en un momento de ofuscación, he cometido algún acto que pudiera ofender a los aquí presentes, deseo reconciliarme en amistosa paz. Prefiero la muerte a una odiosa enemistad, pues quiero el amor de todos los hombres de buena voluntad. Primero, señora, os pido la paz, que ganaré con sumiso servicio. ¡Y a vos, mi noble primo Buckingham, si alguna vez el rencor se instalara entre nosotros! ¡A vosotros, noble Rivers y noble Grey, quienes, sin yo merecerlo, torcisteis el gesto ante mí! ¡Duques, condes, nobles, caballeros, a todos vosotros! No hay inglés sobre la tierra con quien mi alma mantenga una pizca de enemistad, menos aún que un recién nacido. ¡Doy gracias a Dios por mi humildad!
¡Que desde hoy se celebre este día! Le pido a Dios que entierre todas nuestras rencillas. Majestad, os ruego ahora que acojáis en vuestra gracia a vuestro hermano Clarence.
¿Cómo, señora? ¿Os entrego mi amor para esto, para que os moféis de él en esta audiencia real? ¿Quién no sabe ya que el buen duque está muerto? ¡Le profanáis burlándoos de su cadáver?
¡Quién no sabe que está muerto! ¿Quién lo sabe?
¡Por Dios todopoderoso! ¿Qué mundo es éste?
¿Dorset, estoy yo tan pálido como los demás?
¡Sí, mi buen señor! Todos han perdido el color de sus mejillas.
¿Clarence muerto? Esa orden fue revocada.
Pero el desdichado murió por vuestra primera orden que llevó un alado Mercurio; un perezoso tullido llevó la contraorden a su entierro. Dios quiera que alguien menos real y menos leal, cercano a él en intenciones sanguinarias pero no en sangre, no corra peor suerte que el desdichado Clarence, aunque esté libre de sospecha.
¡Concededme una gracia, mi soberano, por los servicios prestados!
¡Déjame en paz; mi alma está afligida!
¡No me levantaré hasta que me escuche vuestra majestad!
¡Pues dime de una vez qué pides!
Un indulto, soberano, para la vida de mi siervo, que hoy asesinó a un escandaloso caballero ayudante del duque de Norfolk.
¿Tengo lengua para condenar a muerte a un hermano y perdonar la vida a un esclavo? Mi hermano no mató a nadie, sólo pecó de pensamiento, y aún así su castigo fue la amarga muerte. ¿Por qué nadie intercedió por él ante mí? ¿Por qué, ante mi rabia, nadie se arrodilló y me dio consejo? ¿Quién me habló de amor fraternal? ¿Quién me recordó que esa alma desdichada repudió al poderoso Warwick para combatir por mí; que me salvó en la batalla de Tewkesbury (cuando Oxford me tenía a su merced) y me dijo: "Querido hermano, vivid y sed rey"; (¿quién me dijo que, cuando los dos estábamos tumbados en el campo, casi muertos de frío,) que me abrigó con su ropa, quedándose él desnudo en una noche helada? Mi ira brutal me arrancó malévolamente esos recuerdos, y ninguno de vosotros me los quiso devolver. Pero cuando vuestros recaderos y asistentes cometen un asesinato de borrachos y desfiguran la preciosa imagen de nuestro querido Redentor, en seguida os ponéis de rodillas y rogáis: "¡Perdón, perdón!". Y yo, injustamente, os lo he de conceder. ¡Nadie rogó por mi hermano! ¡Ni yo mismo, desgraciado, rogué ante mí por él, pobre desdichado! Hasta el más orgulloso de todos vosotros tenía algo que agradecerle en vida, pero ninguno pidió clemencia por esa vida. ¡Oh Dios, temo que tu justicia caiga sobre mí, y sobre vosotros, y sobre los míos y los vuestros! ¡Ven, Hastings, llévame a mis aposentos! ¡Ay, pobre Clarence!
He ahí el fruto de tanta precipitación. ¿Habéis visto lo pálida que se ha puesto esa culpable camada de la reina al conocer la muerte de Clarence? ¡Si suplicaron al rey para que lo hiciera! Dios le vengará. Vayamos a calmar a Eduardo con nuestra compañía.