ACTO IV

ESCENA XIII

[ CLAUDIO, GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO ]
GERTRUDIS.

¡Desgraciada! ¿Veis esto, señor?

OFELIA.

Blancos pañales le vestían
como la nieve del monte,
y al sepulcro le conducen
cubierto de bellas flores,
que en tierno llanto de amor
se humedecieron entonces.

CLAUDIO.

¿Cómo estás, graciosa niña?

OFELIA.

Buena: Dios os lo pague... Dicen que la lechuza fué antes una doncella, hija de un panadero... ¡Ah!... Sabemos lo que somos ahora. Pero no lo que podemos ser... Dios vendrá á visitarnos.

CLAUDIO.

Alusión á su padre.

OFELIA.

Pero no, no hablemos más en esto; y si os preguntan lo que significa, decid:

Y él responde entonces:

CLAUDIO.

¡Graciosa Ofelia!

OFELIA.

Sí, voy á acabar: sin jurarlo, os prometo que la voy á concluir.

CLAUDIO.

¿Cuánto ha que está así?

OFELIA.

Yo espero que todo irá bien... Debemos tener paciencia... (Se entristece y llora). Pero yo no puedo menos de llorar considerando que le han dejado sobre la tierra fría... Mi hermano lo sabrá... preciso... Y yo os doy las gracias por vuestros buenos consejos... (Con mucha viveza y alegría). Vamos, la carroza. Buenas noches, señoras, buenas noches. Amiguitas, buenas noches, buenas noches, buenas noches.

CLAUDIO.
[á Horacio]

Acompáñala á su cuarto, y haz que la asista suficiente guardia. Yo te lo ruego.