ACTO III

ESCENA XIV

[ Cómico tercero y dichos ]
HAMLET.

Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.

OFELIA.

Vos suplís perfectamente la falta del coro.

HAMLET.

Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante, si viese puestos en acción entrambos títeres.

OFELIA.

¡Vaya, que tenéis una lengua que corta!

HAMLET.

Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.

OFELIA.

Eso es; siempre de mal en peor.

HAMLET.

Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.

[Cómico 3.º—Negros designios, brazo ya dispuesto á ejecutarlos, tósigo oportuno, sitio remoto, favorable el tiempo, y nadie que lo observe. Tú, extraído de la profunda noche en el silencio, atroz veneno de mortales hierbas (invocada Prosérpina) compuesto; infectadas tres veces, y otras tantas exprimidas después, sirve á mi intento; pues á tu actividad mágica, horrible, la robustez vital cede tan presto.] (Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído).
HAMLET.

¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del matador.

(Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según lo indica el diálogo).
OFELIA.

El rey se levanta.

HAMLET.

Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?

GERTRUDIS.

¿Qué tenéis, señor?

POLONIO.

No paséis adelante, dejadlo.

CLAUDIO.

Traed luces. Vamos de aquí.

TODOS.

Luces, luces.