Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.
Vos suplís perfectamente la falta del coro.
Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante, si viese puestos en acción entrambos títeres.
¡Vaya, que tenéis una lengua que corta!
Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.
Eso es; siempre de mal en peor.
Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.
¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del matador.
El rey se levanta.
Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?
¿Qué tenéis, señor?
No paséis adelante, dejadlo.
Traed luces. Vamos de aquí.
Luces, luces.